“Estaba sentado en mi silla, con mis útiles a un lado, cuando llegaron varios niños, me agarraron, no podía mover el cuerpo. Me bajaron mi pantalón y mi ropa interior y gritaban ¡Vengan a ver a Ángel, gratis, gratis!”. El pequeño Ángel también recuerda la ocasión en que sus compañeros lo acostaron en el piso y le cortaron mechones de cabello o la vez que lo pellizcaron y lo patearon dejándolo con moretones en todo el cuerpo. Ángel, al igual que sus agresores, tiene seis años y sufrió bullying preescolar.
México ocupa el primer lugar internacional en casos de bullying en educación básica, este afecta a 18 millones 781 mil 875 alumnos de primaria y secundaria, de escuelas públicas y privadas, según un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). En preescolar no se tiene una cifra exacta, pero es una realidad.
¿Qué es el bullying?
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), define al bullying como el uso deliberado de fuerza o poder, ya sea como amenaza o agresión efectiva contra una persona, grupo o comunidad, que cause lesiones psicológicas, sociales, económicas, físicas, académicas o inclusive cuyas consecuencias sean trastornos psicológicos temporales o permanentes y, en casos extremos, la muerte.
No quiero ir a la escuela
Este tipo de abuso es como una escalera, explica Trixia Valle, Directora de Fundación en Movimiento y autora de los libros “Ya no quiero ir a la escuela” y “Mi bully y yo”. “El primer escalón del bullying es la exclusión, el segundo es la violencia psicológica, la amenaza constante de que algo le va a pasar; el tercer escalón es la agresión verbal y, finalmente, está el abuso físico o sexual”, detalla.
En el caso de Ángel así sucedió. Lo agredieron psicológicamente, “no me dejaban entrar al baño y me ganaba, por eso después ya no quería ir, tampoco quería ir a la escuela”; verbalmente, “me decían orejas de elefante” y, finalmente, los golpes. Los niños más grandes también ejercen el cyber bullying. Elizeth Alcántara Morales, docente de inglés en nivel secundaria nos explica: “Suben fotos o videos burlándose del compañero. O hacen competencias entre una niña y otra para que todos los demás puedan comentar sobre sus fotos y eso ocasiona burlas”.
“La violencia no se crea ni se destruye solamente se transforma en otra forma de violencia contra ti o contra alguien más”.
Trixia Valle
Cuando conocemos a Ángel, un niño se sonrisa franca, nos preguntamos quién podría querer lastimarlo. Nos relata su mamá Concepción Cureño González, que él no quería hablar de los abusos que sufría. Empezó a tener comportamientos hostiles en casa, sobre todo con sus hermanas y fue precisamente una de ellas quien platicó con él y descubrió el nivel de agresión que sufría.
El incansable acompañante
Miriam Camacho Valladares, psicóloga social, señala que al inicio del ataque, el bully (victimario) lo hace cuando la víctima está sola o a escondidas, cuando su violencia avanza, necesita ser reforzado o legitimado por un grupo y ya no evita hacerlo en público. “El niño que agrede aparenta autoestima alta, por ello es que no acepta críticas negativas de su persona, y esto lo disfraza autodivulgándose como ‘el (la) mejor’. No manifiesta empatía con sus iguales”.
Padres y maestros, equipo necesario
El papel que juega la escuela o el maestro del niño es muy cuestionado. Por un lado, los padres de familia exigen más atención y medidas más drásticas y, por otro, los especialistas coinciden en que la agresión empieza en casa, ya sea porque el menor sufre o es testigo de violencia, o está expuesto a contenido violento en televisión o internet. Fundación en Movimiento urge a las autoridades a replantear el rol de autoridad de los maestros y de los padres. Concepción asegura que la maestra de Ángel tomó medidas para ayudarlo, sin mucho éxito, hasta que ella misma enfrentó a tres madres de los agresores; dos de ellas se disculparon y la otra minimizó el evento, argumentando que era cosa de niños y ofreciéndose solamente a pagar el corte de cabello. Pero, dice Concepción “no se trataba del corte”.
Elizeth Alcántara nos comenta que como maestra no es tan sencillo denunciar el bullying: “Hay veces que lo hacen en lugares donde los maestros no estamos, como el baño, o parece que ambos se llevan pesado. Tú los pones a trabajar y ves que hablan pero no siempre escuchas lo que le está diciendo”. Añade: “Ya tuvimos un caso en el que nos dimos cuenta de que un alumno estaba siendo agredido y extorsionado por otro, pero cuando hablamos con él para que lo acusara, lo negó”.
Cuando se comprueba el bullying generalmente ambos (agresor y agredido) son canalizados a la Clínica del Adolescente en el centro de salud más cercano, donde les brindan terapia. Los padres también tienen que asistir a terapia pero, añade Elizeth, muchas veces, al saberlo, prefieren cambiar a su hijo de escuela. Señala que existe un “Marco de convivencia” en las escuelas, información que se comparte con los padres, pero a la hora que hablan con ellos se dan cuenta de que no lo leen.
Es prioritario brindar apoyo a quien ha sufrido bullying, pues “es muy probable que, si no recibe atención psicológica, la víctima busque en quien ejercer el mismo patrón de bullying, pero ahora como victimario”, nos comenta Miriam Camacho. Además, tiene más tendencia a exponerse a conductas autodestructivas, como el consumo de drogas o actividades que impliquen riesgo.
Según el Foro “Salud Mental: prevención del Suicidio en Niños y Adolescentes”, en 2020, en México se registraron cada mes 52 suicidios infantiles. En 2017, un informe de la Cámara de Diputados reportaba que el 60 por ciento de los suicidios de jóvenes en nuestro país se daban por consecuencia de bullying.
“El bullying es un reflejo de lo que sucede en la sociedad. Es consecuencia de la falta de respeto a las diferencias, a la discriminación racial, económica, a la competencia por la mercadotecnia, a la homofobia, al exceso de peso, por mencionar algunos ejemplos. Pero si somos una sociedad que lo crea, o lo facilita, también somos capaces de disminuirlo, pero con un trabajo integral (víctimas, victimarios, testigos, expertos y grupos preocupados por la problemática)”, concluye.
Pronto Ángel entrará a la primaria, desea que ahora sus compañeros lo traten bien. Nos despedimos de él mientras toma de la mano a su mamá. Aunque le cuesta trabajo expresarse -para ello irá a terapia- se despide de nosotros con una frase que ha adoptado: “No te quedes callado, di no al bullying”.
*Nota publicada originalmente por la autora para la revista Hoy Mujer
Referencias:
https://www.fundacionenmovimiento.org.mx/
https://www.diputados.gob.mx/sedia/sia/spi/SAPI-ISS-22-16.pdf
Señales de que un menor sufre bullying
- Cambios en las últimas dos semanas, no sólo de comportamiento, sino de gustos, hábitos, carácter, preferencias de juegos. Esto no sólo es útil para identificar a las víctimas, sino victimarios y testigos.
- Ya no quiere ir a la escuela.
- Ya no te mira a los ojos, empieza a esconder su dolor y no quiere mirarte porque sabe que si lo miras lo vas a descubrir.
- Se encorva, cuando te sientes indigno te encorvas
- Empieza a maltratar a primos, hermanos, vecinos, más pequeños o vulnerables.
